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Trabajadoras migrantes en servicio doméstico, su espacio y sus derechos

Por: Eugenia Rodríguez Blanco

Panamá se encuentra entre los países receptores de flujos migratorios internacionales, donde se concreta el fenómeno de la feminización de las migraciones. Dicho fenómeno hace referencia a la relativamente nueva forma de migrar de las mujeres, más autónomas e independientes que antes, solas, con proyectos migratorios propios —que no individuales—, buscando oportunidades de trabajo y generación de ingresos.

Flujos migratorios femeninos

Si bien, según datos del último censo, Panamá recibe tanto hombres (50,8%), como mujeres migrantes (49,2%), lo cierto es que los flujos migratorios provenientes de determinados países son fundamentalmente femeninos. Así, los flujos migratorios con mayor porcentaje de mujeres migrantes provienen de República Dominicana (68%), Nicaragua (59%) y Colombia (54%). Destacan algunas tendencias en relación a estos flujos: las mujeres dominicanas son quienes presentan una brecha más grande en relación a los hombres migrantes de su misma nacionalidad; las migrantes colombianas son quienes constituyen el porcentaje más alto del colectivo de mujeres migrantes en Panamá (33%) y el flujo migratorio femenino procedente de Nicaragua es el que ha experimentado mayor incremento en los últimos años.

Oportunidades de inserción laboral de las trabajadoras migrantes

La principal característica del colectivo de trabajadoras migrantes en Panamá es su heterogeneidad, marcada por variables como su nacionalidad, edad, nivel de estudios, tiempo en el país o estatus migratorio. Aún así, dicha heterogeneidad se diluye al coincidir, gran parte de ellas, en determinados nichos laborales en la ciudad de Panamá, en un contexto laboral que responde a la tradicional división sexual del trabajo.

Las trabajadoras migrantes con poca o media cualificación encuentran oportunidades de trabajo en Panamá fundamentalmente en aquellos sectores más feminizados del mercado laboral (donde la brecha entre hombres y mujeres es más grande) y que son fundamentalmente: trabajo doméstico, cuidado de niños/as, enfermos/as o ancianos/as y trabajo sexual. Dichas ocupaciones son, no por casualidad, aquellas donde las condiciones de trabajo son también más precarias, y donde se violan con más frecuencia los derechos laborales.

Las deficientes e incluso discriminatorias condiciones de trabajo de estas ocupaciones las coloca lejos del interés de las mujeres que poseen un mayor abanico de posibilidades de inserción laboral - mujeres nacionales e incluso mujeres migrantes con alto grado de calificación profesional - quienes cuentan con la posibilidad de insertarse en otros trabajos, en mejores condiciones.

Así, el trabajo doméstico y de cuidados, como el trabajo sexual, no son solo las ocupaciones más feminizadas en un mercado laboral fuertemente segregado por sexo, sino además, son las ocupaciones donde la brecha entre mujeres migrantes y mujeres panameñas (no indígenas) es también más grande.

Migrantes en el trabajo doméstico remunerado

Si atendemos específicamente al trabajo doméstico como área de inserción laboral de una gran parte de las migrantes provenientes de los flujos más ‘feminizados’, comprobamos cómo actúan las redes de mujeres a través de la migración, y por tanto, las cadenas globales de cuidados.

Dichas cadenas hacen referencia al fenómeno que explica que en aquellos países donde las mujeres nacionales han conseguido incrementar sus niveles de formación, así como sus oportunidades de inserción laboral, delegan en ‘otras mujeres’ las responsabilidades ligadas a sus roles de género tradicionales, especialmente aquellas relativas a las tareas domésticas y de cuidados.

Esas otras mujeres cuentan con menores oportunidades de inserción laboral en sectores profesionales con mejores condiciones de trabajo, más formales o de mayor reconocimiento social. Esas mujeres son, en muchos casos, mujeres migrantes.

Las trabajadoras migrantes en Panamá (sobretodo dominicanas, nicaragüenses y colombianas) constituyen así un eslabón fundamental en las cadenas globales de cuidados; el eslabón que asegura la realización de las tareas de cuidados en un contexto donde las mismas no están siendo ocupadas ni por los hombres (migrantes o no), ni por quienes hasta el momento las habían venido desarrollando (otras mujeres).

Estatus migratorio y economía informal

Especialmente para aquellas migrantes que se encuentran en situación irregular, con el visado vencido o sin permisos de residencia y trabajo – quienes por otro lado constituyen un alto porcentaje del total - el servicio doméstico es a veces la única opción.

Todo ello por ser un sector altamente informal, con baja o nula inspección laboral, donde los/as empleadores/as no exigen documentación, y en el que existe una demanda alta de trabajadoras en Panamá.

El estatus migratorio irregular de las trabajadoras condiciona su limitado acceso a otras oportunidades laborales en el país. Es por esa razón que las mujeres migrantes expresan un alto interés por regularizar su situación, y acuden mayoritariamente a los procesos de regularización extraordinaria en el país (Crisol de Razas), donde adquirir el estatus regular es más sencillo y más barato.

Así, según datos del Servicio Nacional de Migración, las mujeres migrantes acuden más que los hombres a estos procesos.

Es importante destacar que a pesar de la desregulación en la que suele desarrollarse la relación laboral entre empleador/a y trabajadora doméstica, el trabajo doméstico en Panamá está regulado.

Sin embargo, una mirada atenta a la específica regulación de este sector evidencia las condiciones desfavorables o incluso discriminatorias bajo las cuales dicha actividad puede desarrollarse formalmente. Que sea considerado ‘contrato especial’ ya ubica al trabajo doméstico fuera de los cauces ordinarios de la legislación laboral, y le otorga un estatus diferente.

Pero cuando además dichas condiciones especiales suponen una merma de derechos en relación a otro tipo de contratos, dicha condición especial se convierte en discriminatoria. Así, que los contratos en el servicio doméstico puedan ser verbales; que el salario mínimo sea significativamente inferior al propio salario mínimo establecido en el país para el resto de trabajos; o que el límite máximo de horas de trabajo sea significativamente superior, manifiestan dicha inequidad.

Derechos vulnerados

Que las trabajadoras migrantes se inserten en sectores laborales con regulaciones discriminatorias en relación a otros sectores, o en los que se tienda a trabajar por fuera de la regulación existente, determina que ellas sufran las peores condiciones de trabajo y que se violen con frecuencia sus derechos laborales.

A ello se suma la baja afiliación sindical o asociativa de estas trabajadoras, así como la ausencia de información relativa a sus derechos, muy vinculada al aislamiento, el miedo y el limitado acceso a los canales donde circula la información.

La invisibilidad en la que viven y trabajan dichas mujeres no ayuda, así como tampoco el ‘mirar para otro lado’ de quienes tienen o deberían tener alguna responsabilidad en la situación y condición laboral, e incluso vital, de dichas mujeres.

Fonte:La Estralla - 25.05.2014

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