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La comunidad china en España se triplica desde 2004

Por: Ana Carbajosa

[La crisis ha provocado muchos y muy profundos cambios en España. Una de esas grandes transformaciones es el nuevo rostro humano que emerge de un país que comienza resurgir y que pierde población a marchas forzadas: 90.326 habitantes menos en 2012, la primera caída demográfica desde 1971 —cuando se empezaron a registrar estos datos—, y 220.130 en 2013. En total, 310.456 personas menos pueblan el país, según los datos provisionales de la estadística de migraciones del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Por un lado, los españoles siguen emigrando en busca de nuevas oportunidades. Casi 80.000 lo hicieron el año pasado —entre nacidos en España e inmigrantes nacionalizados—. Por otro lado, los cerca de cinco millones de inmigrantes que vinieron al calor del boom del ladrillo aceleran su salida a medida que se extinguen los subsidios y el mercado laboral continúa sin ofrecer excesivas oportunidades. Optan por marcharse en medio de un clima de creciente tensión y en el que cada vez se sienten menos bienvenidos. Los pensionistas de la Europa rica también se van, porque son ya mayores y porque el coste de su vida actual no se parece en nada al chollo que conocieron cuando decidieron venir, en tiempos de la peseta. Para los chinos, sin embargo, España sigue siendo un país atractivo. Se trata de una comunidad emigrante que sigue creciendo, según constata el padrón. Los inversores asiáticos y rusos también desembarcan, ávidos de propiedades en una España que vende fábricas, tierras y manantiales de agua a precio de saldo. Esta es la tercera entrega de una serie que retrata las nuevas pieles que luce España].

El exclusivo karaoke V-Show es la nueva sensación entre los chinos de Madrid. A partir de la medianoche, cuadrillas de chinos maqueados se dejan caer por este templo de la canción oriental. Abrió hace apenas cinco meses en Cobo Calleja, el gran polígono madrileño de Fuenlabrada controlado por mayoristas chinos y desde donde distribuyen sus mercancías hacia el resto de España. Por el día, la fiebre mercantil invade este gigantesco bazar. Por la noche, los jóvenes alquilan alguna de las 25 lujosas salas del V-Show, en las que emulan a los artistas de moda en China y beben whisky hasta altas horas de la mañana.

La clientela del V-Show forma parte de una vibrante comunidad china residente en España que no ha dejado de crecer en los años más duros de la crisis, según indican las estadísticas oficiales. En esos años, cientos de miles de ecuatorianos, ingleses, rumanos o colombianos han dicho adiós a un país incapaz de ofrecerles un modo de vida. Pero para muchos chinos y para una legión de inversores asiáticos que buscan fábricas, fincas y hoteles a precio de saldo, España es aún una tierra de oportunidades. Los datos del padrón provisional del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicados el pasado abril indican que residen en España 185.250 chinos, tres veces más que en 2004, cuando solo había en el país 60.000 residentes procedentes del gigante asiático. Se trata de la quinta comunidad de extranjeros en España, por detrás de rumanos, marroquíes, británicos y ecuatorianos. Y fue la única que creció en 2013 de las principales nacionalidades que pueblan el país: 3.549 personas más, un 2%. Son, además, jóvenes: la media de edad es de 29,8 años, según el INE.

Muchos han desembarcado en España en los últimos cinco años siguiendo a sus allegados. Las familias son extensas y el boca a boca dice que en España las cosas no van tan mal. Que si trabajas duro y tienes contactos, sales adelante. De España les gusta el carácter de la gente, la comida mediterránea, la seguridad callejera y el cielo azul que en su país ha devorado la contaminación. Hay además unos 7.000 estudiantes chinos que han encontrado en España el prestigio de una titulación europea.

Las cifras de población de la estadística anual de migraciones publicadas esta semana por el INE no coinciden del todo con el padrón y sostienen que hay más salidas de ciudadanos chinos. Pero un portavoz oficial del INE explica que no son datos comparables, que la metodología utilizada es distinta y que el padrón es la foto fija más fiable de la población.

Erick Pan nació en Guangdong (sur de China) hace 30 años, llegó hace ocho y ha hecho casi de todo en España. Sin ser un gran triunfador, no le va mal. “Los chinos que vienen suelen triunfar y por eso, aunque en las noticias digan que la situación no es buena en España, muchos prefieren arriesgarse antes que quedarse en China”, cuenta en una marisquería de Cobo Calleja en la que la televisión emite en chino y las peceras están repletas de crustáceos, al más puro estilo del gigante asiático. “Con un sueldo bajo, en España más o menos te apañas. En China, con un sueldo bajo lo pasas mal”, reflexiona. Pan comenzó como mozo de almacén y más tarde montó una tienda de fotografía que traspasó a su hermano que vino detrás de él. Ahora organiza eventos de ocio para jóvenes chinos y guía a turistas e inversores de su país, que aterrizan en España. “Me busco la vida”, dice en perfecto español.

La llegada continuada de chinos en los últimos años ha convertido a Cobo Calleja en un gigantesco zoco chino. Mientras, Usera, un barrio del sur de Madrid, se ha transformado en el Chinatown de la capital, en el que viven y operan los minoristas. En la calle Dolores Barranco, su arteria principal, hay tiendas de fotos de bodas, de muebles, de comida y en general, todo tipo de comercios regentados por chinos y dirigidos a una clientela china. Su apariencia es la de un barrio chino de cualquier país occidental, pero algo más de andar por casa, sin farolillos ni grandes decoraciones asiáticas.

“Analizan muy bien las necesidades del mercado y se han ido instalando en las calles principales del barrio”, interpreta Francisco Pascual, presidente de la Federación de Asociaciones de comerciantes de Villaverde y Usera. “Hay incluso familias de chinos que se especializan por ejemplo en la venta de comida para rumanos. En el comercio mayorista arrasan. Nadie puede competir con sus precios. El problema es que no dan trabajo a españoles y casi no consumen productos de aquí, pero en general no dan problemas. Es una invasión silenciosa”. Pascual advierte, sin embargo, de que a pesar de los esfuerzos hay chinos que se han visto obligados a echar el cierre de sus negocios, algo impensable hace pocos años.

Alejandro Hu, de 28 años trabaja en una agencia de viajes del barrio. Habla muy poco español. “Porque aquí siempre nos relacionamos entre nosotros”, dice. Y explica que normalmente viven en pisos compartidos por grandes grupos de familiares. “Los alquileres han bajado mucho”, añade. La solidaridad en el seno de la red familiar, la cultura del esfuerzo y el trabajo y el espíritu emprendedor son algunas de las razones que explican la resistencia de parte de los chinos a los años más duros de la crisis española.

Es precisamente la bajada de los precios a la que se refiere Hu la principal responsable de que a cada vez más inversores chinos les seduzca la idea de sacar partido a su dinero en España. La mayoría de estos potentados no tiene intención de quedarse a vivir en España. Otros aspiran a acogerse al llamado programa de las visas oro, que ofrece la residencia por la compra de inmuebles por un mínimo de 500.000 euros. “En China ahora hay mucho dinero y ganas de comprar por parte de la clase media y alta”, explica Javier Junquera, presidente del grupo Orient, dedicado a gestionar negocios de chinos en España. “Esto no ha hecho más que empezar. A los empresarios chinos les interesa casi todo, pero en particular buscan hoteles para comprar, porque el turismo chino tiene un enorme potencial”.

Una buena muestra de la fiebre inversora china son las dos semanas de vida del acuerdo entre Yingke, el gran despacho de abogados de China, y Adarve, sus socios en España. “Nos han contactado desde China decenas de inversores que buscan empresas concursadas para inyectar capital”, explica Guzmán López y Miguel, director del departamento de Derecho Inmobiliario y Urbanismo de Yingke-Adarve. “Quieren sociedades de maquinaria, almazaras, granjas... lo que sea. Pero barato, para reflotarlo y producir de nuevo bienes que tengan demanda en China. Son gente dispuesta a invertir entre tres y diez millones de euros. Para ellos, España es una tierra de oportunidades y un puente hacia América Latina. Muestran una gran capacidad de adaptación y en un mes son capaces de montar una empresa en cualquier lugar del mundo”. Su percepción la comparten quienes han visto crecer de cerca a lo comunidad china en España.

El interés y la cartera llena de los asiáticos no han pasado desapercibidos en una España sedienta de financiación. “Decenas de empresas españolas y hasta Ayuntamientos nos llaman para ver si los chinos invierten en sus pueblos”, bromea López y Miguel. “Es la ilusión propia de un Bienvenido, Míster Li”.

Fonte: El País - 03.02.2014

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