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El ejército libanés acusado de torturar a los refugiados sirios

El ejército libanés está acusado de torturas generalizadas a prisioneros refugiados sirios, cuatro de los cuales murieron cuando se encontraban bajo arresto tras las redadas masivas realizadas en los campos cercanos a Arsal, en la frontera sirio-libanesa.

Al parecer, los cuatro hombres murieron tras pasar varios días detenidos después del asalto llevado a cabo por los militares libaneses, lo que ha obligado al ejército a abrir una investigación. Sin embargo, en los informes forenses iniciales, vistos por Middle East Eye, se decía que “no había evidencias de violencia” contra los prisioneros y que los cuatro hombres habían muerto por causas naturales.

Pero las fotografías que también pudo ver Middle East Eye muestran cortes y hematomas graves en los cuerpos de tres de los cuatro hombres, identificados como Mustafa Abdel-Karim Absi, Anas Husein al-Hsaikeh, Jalid Husein Mulays y Ozman Merhi Mulays.

Las víctimas habían permanecido durante días con las manos estrechamente atadas con esposas de plástico “hasta el punto de causarles extremados daños físicos, tanto en manos como en piernas”, dijo una fuente jurídica que había visto los cuerpos antes de que los enterraran el 11 de julio.

La fuente dijo a MEE que las profundas heridas que presentaban los cadáveres eran un claro indicador de haber sufrido torturas.

“Hay también heridas por todo el cuerpo –en hombros, brazos, rodillas-, especialmente en las rodillas. Los hombres que fueron detenidos y después liberados me contaron que también a ellos les habían torturado”.

La fuente, que se mantiene en el anonimato por razones de seguridad, cuestionó la versión oficial del ejército sobre los hechos, según la cual los difuntos murieron de ataques al corazón y de un derrame cerebral a causa del calor.

“¿Cómo puede el informe del ejército sobre los muertos decir repetidamente que no hubo violencia en absoluto? ¿Cómo puede decir un médico que no hubo violencia en absoluto?”, alegaba la fuente. “Estaba claro que había también heridas en la cabeza que habían estado sangrando”.

Una segunda fuente con amplia experiencia en examinar imágenes de víctimas de torturas dijo que las fotos mostraban “bastantes pruebas de signos claros de tortura”.

“Eso es algo que está más allá de toda duda. Hay claros signos de tensiones y traumatismos en las muñecas, lo que podría indicar, por su gravedad, que la víctima ha permanecido colgada por las muñecas”, dijo la fuente.

“No pueden ser sólo señales de ataduras normales, el nivel de los traumatismos y la presión indican claramente que a las víctimas se las colgó de las muñecas. Podemos ver también intensos traumatismos redondos en el abdomen y en la parte inferior de la espalda que no se corresponden con marcas de caídas. Si alguien se cae, el traumatismo está en las extremidades, no en el zona central del abdomen.”

Las personas cercanas a los muertos dijeron asimismo que se sentían muy sorprendidos ante la versión de los hechos del ejército.

“No había tenido antes ningún problema de salud” dijo a MEE un familiar de una de las víctimas, que compartió las fotos del entierro. “Estaba totalmente sano”.

Cuando le preguntaron si sabía si los fallecidos habían sido torturados, el familiar dijo: “Dios lo sabe mejor… pero las fotos hablan por sí mismas”.

Una fuente médica de un hospital en Arsal dijo que uno de los fallecidos era un doctor que no vivía en el campo de refugiados.

“Era anestesista”, dijo la fuente a MEE . “Cuando el ejército declaró en su comunicado que tenía problemas de salud, nos quedamos sorprendidos porque no es verdad. Era un hombre sano”.

Los abogados que representan a las familias de tres de los hombres obtuvieron permiso para realizar un exámen independiente de los cuerpos. Sin embargo, la inteligencia militar intervino y confiscó las muestras forenses antes de que pudieran examinarse.

“No estamos convencidos de que el informe inicial [del médico designado por el ejército] sea exacto”, dijo Wisam Tarif, el jefe de los abogados que representan a las tres familias.

“No se ha podido realizar ningún análisis independiente porque no lo han permitido. Conseguimos una orden de un juez en Zahle para poder disponer de una opinión forense independiente, y se llevaron muestras forenses al Hotel Dieu [un hospital en Beirut] pero la inteligencia militar intervino confiscándolas.”

Los observadores de los derechos humanos están ya enviando imágenes de los cuerpos al extranjero para un exámen independiente, ya que se teme que el ejército no va a hacer públicos los resultados de su propia investigación.

“Hemos enviado fotos de tres de los cuerpos para su evaluación a un doctor con experiencia en documentación de torturas, para ver si muestran evidencias de la causa de la muerte”, dijo a MEE Basam Khawaja, investigador de Human Rights Watch en el Líbano.

“En el Líbano hay toda una tradición de los servicios de seguridad que abren investigaciones y no publican los resultados, así que la gente y las familias se quedan sin saber la verdad”, continuó.

Incursiones en Arsal

Los cuatro hombres fueron arrestados tras las incursiones del ejército en dos campos de refugiados de Arsal, al-Nur y al-Qariya, buscando a supuestos “terroristas”. Fueron recibidos por una serie de ataques-suicidas y un ataque con granadas, que hirieron a varios soldados.

El ejército reconoció oficialmente que había muerto un niño sirio de cuatro años en uno de los ataques-suicidas y cuatro más posteriormente cuando estaban bajo arresto.

Sin embargo, diversas fuentes en Arsal declararon que habían muerto al menos siete hombres más, elevando la cifra total a doce.

Una fuente médica en Arsal dijo que el ejército libanés les había entregado varios cuerpos, así como en hospitales vecinos del este del Líbano, antes y después de las operaciones militares.

“Cuatro días después de la operación [4 de julio], nos entregaron cuatro cadáveres de la municipalidad de Baalbek”, dijo la fuente.

“Tres de ellos fueron enterrados de inmediato y al otro, que estaba decapitado y con los brazos amputados, se le mantuvo durante una semana para ver si podía ser identificado, pero le enterraron una semana después.”

No fue hasta el 11 de julio cuando recibieron los cuatro cuerpos de los cuerpos identificados explícitamente en el comunicado del ejército.

Aunque el ejército afirmó que el niño sirio murió debido a los ataques-suicidas, otras fuentes afirman que fue aplastado por un transporte blindado, pero el ejército impidió que un doctor pudiera examinar el cuerpo.

“Recibimos también el cuerpo de un niño de cuatro años, aunque no nos permitieron examinarlo”, dijo la fuente.

“La mayoría de las familias de los campamentos han dicho que el niño murió aplastado pero, desde luego, yo no estaba allí para presenciarlo.”

Al parecer, se entregó otro cuerpo en el Hospital de la Universidad Rafik Hariri en Beirut, pero fue trasladado a Arsal para que le enterraran, aunque no está claro por qué separaron ese cuerpo del resto de los muertos y lo enviaron allí.

Una historia de torturas

La posibilidad de muerte por tortura bajo custodia del ejército libanés se produce en un contexto de antecedentes de abusos por parte de los servicios de seguridad.

El pasado diciembre, Human Rights Watch publicó un estremecedor relato de un refugiado sirio que declaró que había sido golpeado, insultado y violado con un palo en la prisión de la policía militar de Renaieh por sospechar que era homosexual.

HRW ha documentado a fondo diez casos en los que civiles detenidos por el ejército libanés manifestaron haber sido torturados durante los interrogatorios, cuando ninguno de ellos tenía acceso a un abogado o a sus familias.

“No podemos negar que el sistema de seguridad libanés está utilizando la tortura”, dijo a MEE George Ghali, director de programas de Alef, la organización libanesa por los derechos humanos.

“En todos esos casos no ha existido rendición de cuentas y eso está creando una cultura de impunidad, tolerancia y aceptación.”

El Comité de la ONU Contra la Tortura se ha hecho eco de preocupaciones similares.

La incursión que el ejército llevó a cabo el 30 de junio cerca de Arsal fue la última de docenas de ellas perpetradas alegando motivos de seguridad, durante las cuales fueron arrestados más de 350 refugiados.

Los observadores de los derechos humanos se muestran preocupados porque los servicios de seguridad no están tratando con dignidad a los detenidos durante sus operaciones.

El asalto del 30 de junio causó amplia indignación y motivó acusaciones de malos tratos a los refugiados por parte de las fuerzas de seguridad del Líbano después de que aparecieran las imágenes de docenas de refugiados tumbados boca abajo en el suelo y vigilados por soldados armados.

MEE ha averiguado también que no se han dado razones del arresto de algunos de los prisioneros.

“Ponerles con los rostros boca abajo sobre el suelo, yaciendo sobre los estómagos no va a proporcionar más protección ni seguridad a nadie”, dijo George Ghali.

“Pensamos que las constantes y sistemáticas violaciones que se están sucediendo en una situación como esta alimentan un ambiente favorable a la radicalización.”

Desde la incursión del 30 de junio, se ha negado a los observadores de los medios y de los derechos humanos el acceso a Arsal, que el ejército considera zona de seguridad.

Aunque algunos de los arrestados han sido liberados, los observadores se muestran preocupados por el destino de las decenas que se cree permanecen en prisión, que corren el peligro de desaparecer en el opaco aparato de seguridad del Líbano.

“Definitivamente, hay personas que siguen aún detenidas”, dijo Bassam Khawaja, de HRW.

Aunque no hay pruebas de que se esté obligando a la gente a volver a Siria, dijo que el acceso a los detenidos del ejército libanés por parte de los abogados o familiares es habitualmente “muy difícil”.

El 10 de julio, el primer ministro libanés, Saad Hariri, dijo que la investigación del ejército sobre las muertes que se produjeron bajo arresto se completaría en “dos o tres días”.

Pero siguen sin revelarse los resultados.

“El ejército está realizando una investigación clara y transparente sobre ese tema y nadie debería dudarlo, porque al ejército le preocupa más que a nadie la seguridad de los ciudadanos y civiles”, dijo Hariri. “Tampoco puede aceptarse que se cuestione la investigación llevada a cabo por el mando del ejército”.

Una fuente del ejército libanés dijo a MEE que no disponían de más información que los comentarios anteriormente publicados. El ejército había declarado que las alegaciones de torturas “no tenían base”.

El ejército no respondió a las preguntas formuladas por MEE para que confirmaran la cifra total de muertos tras la incursión en Arsal, la cifra de hombres que aún seguían detenidos o que explicaran si tenían planes para mejorar la transparencia.

Fonte: Rebelion

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